-Fercs, entras en 5 minutos -dijo el organizador-. Vete preparándote.
Los teloneros, un grupo joven de la ciudad entraron al back-stage, casi chocándose con Fercs, que ya estaba a la puerta con el micro en la mano, preparado para salir.
-¿Qué tal está la gente?-Les preguntó Fercs.
-Bien, bien, les hemos dejado calentitos -contestó chico que parecía más joven de todos-. Son un buen público, dan caña.
En ese momento, el artista escuchó la introducción de su primer tema. Hablaba directamente al público desde el camerino:
-¡Eyoh! ¡Fercs está en la casa, cabrones!
Escuchó el público enloquecer, y los pocos restos de nervios que le quedaban se le fueron por completo. Era el momento, unos pocos compases más y haría su entrada estelar, ahora la música sonaba suave en el escenario.
Ese momento, en el que salió desde el back-stage, todas las luces se enciendieron de golpe endiosándole y empiezó a cantar los primeros versos de tu letra. Ese fue el instante perfecto, unos solos segundos durante los cuales el rugir del público y la luz de los focos envueltos en humo le golpearon de lleno en la cara, moviendo esas mariposas de placer desde su pecho hacia resto de su cuerpo, y obligándole a escupirlas por la boca en forma de canción. Ese era el momento perfecto de cada concierto, su razón de vivir, lo que hacía que todo lo demás mereciera la pena.